Su vida cotidiana
entre puras rejas pasa
lanzando al viento
su melodioso canto
que es de duelo y esperanza.

Gorriones, canarios,
periquillos y jilgueros
son desafortunadas víctimas
de los custodios tercos

que limitan con su ego
el majestuoso vuelo
de las alas que se despliegan
en el horizonte y al viento.

Y aprisionan su vida
entre barrotes y caprichos,
siendo cadena perpetua
el veredicto y la condena.

Su único delito ha sido
su lindo y musical trino
y su trágico destino
adornado ahora está,
con su colorido vestido.

Emiliano robles Becerril
"La Doñita"